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TecnoHotel | Miercoles 19 de Febrero, 2020

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Tres razones por las que la tasa turística puede arruinar al sector

Tres razones por las que la tasa turística puede arruinar al sector
Javier Jiménez

Imagina por un momento que vas paseando por una playa con tu pareja y con tus tres hijos. Se acerca la hora de comer, los niños empiezan a preguntar y tú no tienes del todo claro dónde ir para que estéis a gusto y, sobre todo, para que comer toda la familia no te salga carísimo.

En ese momento, se acerca una persona que trabaja en un restaurante en segunda línea y te ofrece que comáis con ellos. Te explica el menú que tienen para niños, que tienen un parque de bolas para que jueguen y estéis tranquilos, y además que tienen un menú familiar que sale bastante bien de precio.

Los niños prefieren ir a un conocido restaurante de comida rápida, pero el camarero consigue que os decidáis por su restaurante. Os acompaña caminando hasta que consigue que lleguéis y os sentéis. En ese momento, llega otro camarero y os dice que antes de comer debéis pagar dos euros por persona, es decir, 10 euros. Solo por venir y sentaros a comer. Básicamente eso es la “tasa turística”, la tasa que algunos quieren implantar en la Comunidad Valenciana.

Somos muchos los profesionales que opinamos que esta tasa turística puede afectar muy seriamente a un sector que aporta 16.000 millones de euros al PIB, 44.000 empleos directos y casi 300.000 empleos indirectos en la Comunidad Valenciana. ¿De verdad nos vamos a jugar todo esto por recaudar 30 millones de euros? ¿De verdad nos estamos planteando esto? ¿Es que nos sobran turistas? ¿Quizás es que nos sobren empleos? ¿Quizás nos sobra riqueza?

Existen tres razones de peso que evidencian que esta tasa es negativa para nuestro sector.

1. Mordemos la mano que nos da de comer

Una máxima en el mundo de la venta es eliminar cualquier tipo de barreras. A menos muros, mayor capacidad de compra. Hay cientos de personas trabajando para que los turistas vengan a nuestro destino, nuestros alojamientos y nuestros restaurantes. Gente que se cruza medio mundo para conseguir colocar a la Comunidad Valenciana antes que otros destinos más golosos. Penalizar a alguien que quiere comprar es lo más contrario a la venta que se pueda inventar.

2. Nuestra competencia se frota las manos

Países como Turquía, Egipto y Túnez llevan años con una crisis turística sin precedentes. Tienen hambre. Y están empezando a captar cuota de mercado peligrosamente. Su gran baza es el precio, trabajan a unos costes muy bajos y no ponen ninguna traba al turismo. Nos quitan clientes. Nos los quitan ya. ¿Qué creéis que están pensando ante este tema? Sí, están rezando para que lo implantemos y ellos sean todavía más competitivos.

La “no venta” es tremendamente silenciosa. No se nota, simplemente bajan las visitas, los ingresos, cierran negocios. Y nunca se vuelven a recuperar. El mercado funciona así.  Y funciona así desde hace miles de años. Quizás no sea la mejor idea oponerse a sus sólidas reglas.

3. Este impuesto favorece la economía sumergida

Lo que se pretende es que los alojamientos legales hagan de cobradores. Con lo que los alojamientos ilegales tendrán mayores ventajas competitivas todavía. Los que son legales sufren una cantidad enorme de trabas burocráticas, normas, impuestos e inspecciones. A todo esto, le añadimos uno más. Es decir, en un check-in, además de hacer de control con el pasaporte, les cobramos la tasa turística y, además, luego esa tasa la tendremos que liquidar con la administración. Más trabajo, más costes, menos competitividad.

En definitiva, no somos tan guapos, hay destinos maravillosos. Nadie nos garantiza que vayan a seguir viniendo turistas cada año. Tampoco vamos sobrados. Mucho ojo, torres más altas han caído y, hoy en día, la capacidad para cambiar de destino es máxima.

Los grandes retos del sector más importante de la economía de la Comunidad Valenciana pasan por el brexit y lo que va a pasar con todo ello; pasan por competir con los destinos emergentes; pasan por el futuro de la robotización; pasan por la excelencia en el trato al cliente; y pasan, sobre todo, por la profesionalización de las personas que trabajan en él y por su formación continua a todos los niveles (hay escasez tremenda de cocineros y camareros, mucha gente casi no habla bien ni siquiera el inglés…).

¿Por qué estamos empleando tiempo y energía en hablar de un impuesto y no en solucionar todos estos problemas? Hay tanto por hacer, hay tantos retos, tanto por mejorar que no me cabe en la cabeza que sigamos cada año con este tema. Por favor, pongámonos a trabajar en las cosas importantes. Vamos a hacer que este sector genere ingresos de verdad, los optimice y genere recursos, muchos más que con una tasa. Y que éstos reviertan en la sociedad. Eso se consigue despejando trabas, no poniéndolas. Dejad trabajar a los profesionales. Gracias.

Imágenes: Shutterstock.com

Javier Jiménez

Javier Jiménez

Fundador y director de la Escuela de Negocios Turísticos FORST. También es director del Programa Superior de Revene Management y Director del Máster de Dirección Hotelera de la Universidad de Alicante.

Comentarios

  1. Hector Duarte

    El analis es parcialmente cierto, ya que se basa unicamente en una de las variables que componen un producto turistico, el precio. De hecho, otros destinos que aplican la tasa turistica (Roma, Barcelona, NY, etc.) y que en su momento los gurus locales realizaron predicciones nefastas por su aplucación, no sólo han perdido cuota de mercado (ocupación, RevPar, etc.) sino que siguen creciendo. Si biien es cierto que hay segmentos de mercado muy sensibles al precio, hay otros que, como factor de decisión de compra, el precio no ocupa las primeras posiciones. Las destinaciones “hambrientas” a las que se refiere el artículo, ofrecen, para algunos segmentos, una mejor relacion calidad/precio (RCP) que algunos destinos de nuestro pais. Probablemente una de las variables que actualmente se situa en las promeras posiciones como decisión de compra es, precisamente, la RCP, que no se basa unicamente en aspectos tangibles del producto turistico, sino también en aspectos intangibles (exclusividad, ultrapersonalización, etc.).

  2. Matías Manuel González Hernández

    Muy pobre análisis, salpicado de demagogia impropia de alguien que dirige un máster en turismo, sinceramente. Es cierto que jamás un impuesto puede ser un objetivo de política turística (ni de ningún tipo), sino, en todo caso, un instrumento para desincentivar consumos que generan externalidades indeseables, o bien, cuando la elasticidad-precio de los consumos gravados en baja, para recaudar recursos a destinar a fines que deben estar socialmente justificados. El debate tiene más sentido cuando se inscribe en otras coordenadas, a saber, el turismo produce impactos ambientales y sociales negativos que a la postre redundan en pérdida de competitividad de los destinos (que como debe saber, no sólo depende del precio). Por tanto, el establecimiento de una tasa turística debe estar precedida por una rigurosa evaluación del posible déficit de contribución del turismo al sostenimiento de los recursos naturales y culturales que lo sustentan. Para ello hay que evaluar la fiscalidad que ya soporta y decidir si es razonable, y justificable, incrementarla mediante una tasa.
    Más aún, en un país que no puede presumir de una gobernanza eficiente y honesta de los recursos públicos, sólo sería razonable establecer una tasa turística si los fines para los que se recaudan están bien definidos y justificados, y si se establece un sistema de plena transparencia y rendición de cuentas sobre lo recaudado y sus usos. Algo, ciertamente, en lo que esta país flaquea.
    Por último, la competitividad se ve afectada si los turistas potenciales consideran que la tasa es injustificada o abusiva. Y esto no tiene por qué ocurrir si se siguen los criterios anticipados más arriba, es decir, si se aplican a la mejora de bienes públicos ambientales que el turista valora y si se gestionan con eficacia y transparencia. Al contrario, podría enviar señales positiva al mercado y tener un efecto globalmente beneficioso sobre la demanda.
    En resumen, en un mundo complejo nada es en blanco y negro y análisis simplistas como el que comentamos no ayudan en nada a conformar una opinión informada, capaz de sustentar un consenso social al respecto de este crucial asunto. Creo que algo parecido ocurre, desgraciadamente, en otras latitudes de la España peninsular e insular. Toca abandonar tópicos y actitudes enrocadas y abordar un debate sereno y constructivo.

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