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TecnoHotel | Miercoles 21 de Agosto, 2019

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Cómo configurar el minibar para que no sea un lastre

Cómo configurar el minibar para que no sea un lastre

En los últimos años hay un debate en el seno de los hoteles que tiene que ver con la idoneidad de mantener vivo el servicio vintage del minibar, un mueble híbrido que antaño aportaba cierta sofisticación a las habitaciones pero que en la actualidad ha perdido esa consideración.

Al contrario, hoy se piensa en el minibar como en una especie de contenedor aparatoso e inservible, salvo en los casos en los que realmente ofrece un plus. Pero, ¿cómo se consigue ese valor añadido?

La respuesta corta es: sorprendiendo. Apostando por productos exclusivos. Dándole el protagonismo a determinadas gamas de alimentos que no suelen destacar en el lineal del supermercado, pero que en un entorno elegante y privado como es la habitación de un hotel de 4 ó 5 estrellas, brillará con luz propia. En ese sentido, hay fabricantes que diseñan y conciben productos gourmet para ser distribuidos de manera más personal, caso del minibar; y estos productos suelen relacionarse bien con el conjunto de la oferta seleccionada por el hotel.

“Los criterios de selección de los grupos hoteleros suelen estar determinados por la exclusividad de productos muy bien empaquetados, con sabores originales y características poco habituales en el mercado. Por ejemplo, nosotros solemos aportar algarroba en tableta a modo de chocolate, un producto de nuestra línea Exquisite diseñada para los paladares más exigentes”, explica Miguel Pérez, impulsor del proyecto Ibiza Carob Company y del relanzamiento de la recogida de la algarroba autóctona de la isla de Ibiza para la elaboración de productos ecológicos.

Así pues, el minibar configurado con buen criterio ofrece la posibilidad de conocer y degustar alimentos gourmet desacostumbrados y, además, como característica esencial, permite un consumo más flexible del que suele darse cuando ha de saldarse la deuda en el mismo sitio y en el mismo instante.

Minibar

Hoy se piensa en el minibar como en una especie de contenedor aparatoso e inservible.

El minibar es libertad porque ofrece crédito infinito, se construye sobre la garantía de que el cliente podrá abonarlo en un futuro –previamente se le ha comprobado el saldo– y funciona en base a la espontaneidad –lo que me apetece, lo cojo–. Funciona un poco a la manera de los cruceros: una barra libre de consumo a pagar antes o después que, durante la estancia, fabrica la ilusión del paraíso exclusivo.

En la antípodas de ese uso estratégico de la pequeña nevera privada hay una práctica desaconsejada de hoteles que, obligados por la ley, mantienen el minibar instalado pero con una oferta poco o nada cuidada. Porque ese es un dato que muchos clientes desconocen: hay hoteles que están obligados a tener minibar por normativa. Los hoteles de 4 y 5 estrellas tienen que ofrecer el servicio en cada una de las habitaciones. De hecho, puede incluso terminar siendo un servicio deficitario para los gestores del establecimiento si no se le consigue dar la identidad adecuada.

La historia del minibar

No siempre fue así, no siempre fue obligatorio el minibar en los hoteles de alta gama porque de hecho este servicio no llegó hasta mediados del siglo XX. Concretamente fue en los años 60 cuando la empresa alemana Siegas lo patentó. Fue un éxito rápido, sobre todo para los hoteles de lujo, que encontraron en este servicio una interesante manera de ampliar la factura ofreciendo servicios exclusivos a clientes que ni siquiera necesitaban salir de la cama.

Así, los primeros en apropiarse de esta tendencia instantánea fueron las suites del Hotel Madison en Washington en 1963. Una década después, en 1974, el Hong Kong Hilton fue el primer minibar en proveer bebidas alcohólicas en cada una de sus 840 habitaciones, y aquello terminó siendo un movimiento espectacular: las ventas de bebidas en la habitación escalaron hasta el 500% y los ingresos totales de la compañía se incrementaron en un 5%.

Casi medio siglo después, la fiebre del minibar se ha ido apagando poco a poco hasta dar pie al debate al que se enfrenta un sector acostumbrado a la innovación: ¿qué hacemos con el minibar?

Partiendo de que la ley obliga a tenerlo, solo queda reforzar la identidad del hotel desde la pequeña nevera instalada en cada habitación, y para ello no hay mejor estrategia que ofrecer productos novedosos y sorprendentes con los que potenciar una innovación que ha de empezar en la misma carta del minibar.

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