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TecnoHotel | Lunes 20 de Mayo, 2019

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Si Uber es como un taxi, ¿es Airbnb como un hotel?

Si Uber es como un taxi, ¿es Airbnb como un hotel?

No cabe duda de que la economía colaborativa tiene poco que ver con monstruos como Airbnb o Uber. Y parece ser que, desde ayer, también lo piensa el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Ni mediadora, ni prestadora de servicios ni economía colaborativa. Para este tribunal, Uber es una empresa de transporte y, al igual que los taxis, debe estar sometida a los mismos requisitos y exigencias, incluyendo las licencias. 

En su fallo, los magistrados consideran que «un servicio de intermediación como el controvertido, que tiene por objeto poner en contacto, mediante una aplicación para teléfonos inteligentes, a cambio de una remuneración, a conductores no profesionales que utilizan su propio vehículo con personas que desean efectuar un desplazamiento urbano,está indisociablemente vinculado a un servicio de transporte, y, por lo tanto, ha de calificarse de servicio en el ámbito de los transportes, a efectos del Derecho de la Unión».

«En consecuencia, un servicio de esta índole está excluido del ámbito de aplicación de la libre prestación de servicios en general, así como del ámbito de aplicación de la Directiva relativa a los servicios en el mercado interior y del de la Directiva sobre el comercio electrónico», añade la sentencia.

¿Sienta un precedente para Airbnb?

Las similitudes entre Airbnb y Uber son muy grandes. Ambas compañías han pasado de ser dos pequeñas startups a convertirse en dos macroempresas valoradas en 68.500 millones de dólares (Uber) y 30.000 millones de dólares (Airbnb). Desde hace meses, ambas compañías se enfrentan a los tribunales, especialmente en Estados Unidos, ante la exigencia del sector del transporte y hostelero para que se aplique mayor regulación a estas empresas. 

Estados Unidos prohibió a Uber los trayectos en helicóptero, ahora el Tribunal Europeo dicta que es una empresa de transporte más y que debe cumplir con toda la normativa. Airbnb ha visto cómo ha sido multada en varios países y su actividad ha sido prohibida en ciudades como Miami y muy restringida en otras como Nueva York, Ámsterdam o París.

Los hoteleros, al igual que la Asociación Profesional Élite Taxi, están peleando por demandar a Airbnb para que su actividad se regule. Si bien es cierto, por ahora, ninguna asociación hotelera ha dado el paso de llevar a los tribunales a la plataforma de alquiler vacacional. Sí se lo están planteando comunidades autónomas como la balear.  De todas formas, las denuncias públicas son constantes.

Cabe también destacar que fue nuestro país quien primero se posicionó contra Uber. La denuncia llegó en Barcelona, «por su falta de licencias, autorizaciones y credenciales«. El juzgado de lo Mercantil número 3 de la capital catalana preguntó al Tribunal de Justicia de la UE qué era Uber. Y la respuesta ha llegado hoy. Y de la peor manera posible para la tecnológica.

Con esta sentencia, se abre un nuevo horizonte para el sector hotelero, que puede agarrarse a ella para intentar que se aplique en términos similares a plataformas como Airbnb o Homeaway, al menos en cuanto a los apartamentos sin licencia se refiere.

2018, ¿el año de la regulación?

2018 se perfila como el año de la regulación masiva del alquiler vacacional. Los pasos pioneros que han dado algunas ciudades, van a ser la tónica dominante, como ha ocurrido hace unos días en Madrid. Pero hay que apostar por una reforma nacional, incluso europea. Y es que, todavía no existe ninguna normativa que regule la mal llamada economía colaborativa de forma transversal. Hasta ahora, estas tecnológicas han estado muy cómodas en Europa, pues no es lo mismo operar como un servicio de software que como una empresa de taxis o un hotel.

Aunque también hay que escuchar a estas plataformas. No cabe duda de que la realidad avanza mucho más rápido que la normativa. Los taxistas planteaban la entrada de Uber como una «liberalización» encubierta del sector. Los hoteleros acusan a Airbnb de competencia desleal. El reto pasa por desarrollar nuevas leyes para aplicar a estas plataformas o por establecer cuáles de las ya existentes han de cumplir. O, al menos, las que deben cumplir sus partners (anfitriones, conductores) y cómo gestionar la fiscalidad. Todo un reto, cuya solución parece hoy más cercana. 

Imágenes: Shutterstock.com

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